
A lo largo de los casi tres años que he trabajado con comunidades, me he hecho un mapa de Cali muy diferente. Pasé de pensar en “si por la quinta vas pasando, es mi Cali bella que estas atravesando” a pensar: “si por la quinta vas pasando, ten mucho cuidado o te van robando”. Pero lo más importante, Cali hace rato dejó de ser solamente la calle quinta.
Los que vivimos entre Unicentro y Chipichape nos acostumbramos a pensar que Cali es un pueblo que se atraviesa de un lado a otro en un Blanco y Negro 1, pero la verdadera Cali no es la de la gente que va a refugiarse en los centros comerciales cada fin de semana. La mayoría de la gente de Cali, no tiene plata para eso. Muchos seguimos encerrados en el centro de Cali, todos juntitos tratando de mantener nuestras condiciones. Nos hacemos los ciegos al aumento de niños vendiendo dulces o haciendo piruetas en los semáforos. A la cantidad de ventas informales de frutas, minutos a celular y dvd’s piratas. Tratamos de no mirar las calles y tarros rebotados de basura. Seguimos viviendo en una burbujita, donde Cali es salsa, mujeres bonitas (que invierten todo su tiempo y dinero en la silicona y el gimnasio) y carros de lujo (de dudosa procedencia).
¿Qué Cali es la que estamos construyendo cuando todos tratamos de diferenciarnos de la gente pobre en vez de identificarnos con ellos y buscar soluciones? ¿Qué Cali le dejamos a los niños, cuando no nos importa tirar papeles a la calle? ¿Qué salsa podemos bailar cuando no nos importa pitar como locos en los semáforos? Y por cierto, ¿desde cuando la luz roja es una cuestión subjetiva?
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