martes, 21 de julio de 2009

El chontaduro, una fuente alimenticia desconocida de alto valor nutricional


Hace algunas semanas, en uno de los conciertos de los sábados en la Tertulia, me comí un delicioso chontaduro, bueno uno no, en realidad fueron tres. Y sí, como lo describe muy bien el artículo a continuación: la miel se deslizaba por su cuerpo y la sal rodeaba su figura... en fin, delicioso!! (My friend, no te dan ganas de un chontaduro?).


El chontaduro, una fuente alimenticia desconocida de alto valor nutricional

***//**/Una investigación revela que este fruto típico colombiano posee altos aportesproteínicos, vitamínicos y minerales.

/**//*La miel, la sal y algunas veces el limón, se deslizan sobre su cuerpo ovoide y lo rodean con gustosa complacencia. Su color rojo o naranja encendido y su textura seca y carnosa son una combinación irresistible que desata una fiesta gustativa y visual. Al llegar a la boca para deleitar a sus amantes, el chontaduro, anónimo rey de las esquinas, se deshace lentamente en el paladar y, no contento con eso, llega al estómago para convertirse en fuente invaluable de energía y nutrientes.

Así lo explica el profesor Jaime Restrepo, Ph. D en Ciencias Químicas y docente de la Universidad del Valle, quien realizó una investigación sobre los aportes nutricionales del Bactris gasipaes, conocido popularmente como chontaduro.

"El chontaduro es un componente esencial de nuestra cultura pacífico colombiana, pero más allá de eso tiene unas bondades enormes en aporte de proteínas, aceites, vitaminas liposolubles y minerales. Es como una pequeña fábrica nutricional y probablemente el alimento más balanceado del trópico", según concepto de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos de América, asegura.

Usando técnicas analíticas como la cromatografía de gases, espectrometría de masas y análisis de absorción atómica, estudiantes del Departamento de Química de la Universidad del Valle, liderados por el doctor Restrepo, tomaron muestras de chontaduro y las sometieron al mismo proceso de cocción que emplean las tradicionales vendedoras de este fruto. Para efectos de la investigación, secaron el fruto a 60 grados centígrados y lo procesaron en un molino de martillo hasta obtener una harina fina.

Esta harina se empleó para llevar a cabo las pruebas de laboratorio que permitieron separar cada uno de los compuestos y características del chontaduro como humedad, ceniza, fibra, proteína, grasa, vitaminas y minerales.

Se tomaron muestras de las cuatro variedades del chontaduro que existen en la región. Los frutos se recolectaron de manera manual en la zona pacífica de Colombia, en los departamentos de Valle, Cauca y Nariño y las variedades utilizadas fueron la Bactris gasipaes (H.B.K (Debido a desacuerdos taxonómicos, el chontaduro es llamado /Bactris gasipaes H.B.K. /en el mundo científico, y es conocido por otros nombres locales o comunes, siendo los principales /cachipay /o/ chontaduro /en Colombia y Ecuador, /pejibaye /o /pejiballe /en Costa Rica y en Panamá, /pijuayo /en Perú, /piriguao /o /macana /en Venezuela, y /pupunha/ en Brasil.)), oriunda de la costa pacífica vallecaucana y nariñense, y la Macana proveniente del Departamento del Cauca. Las muestras fueron separadas en tres grupos principales: color rojo, color amarillo y color verde.

El profesor Restrepo, quien ha estudiando este fruto por más de diez años, explica que el potencial nutricional del chontaduro es tan alto que como planta típica de la región del litoral del pacífico colombiano podría enriquecer la dieta de la población colombiana.

"Al chontaduro no se le ha dado suficiente importancia científica y este fruto es de un valor nutricional enorme, tanto que los análisis químicos revelan que posee una composición de aminoácidos esenciales que lo equipara al huevo y otros alimentos completos, por esto es que se le puede considerar como una alternativa para una explotación a escala industrial y doméstica".

El contenido de grasa del fruto hace de éste una fuente importante de ácidos grasos poliinsaturados tipo omega 3 y omega 6 (linoleico,
linolénico) esenciales para la nutrición, crecimiento, desarrollo hormonal y disminución del colesterol.

Las insaturaciones presentes en el aceite del chontaduro, están en los valores comprendidos en un rango de 57.67% a 63.47%y los ácidos grasos saturados están entre 36.11% a 41.71%. Presentándose como un punto intermedio entre los aceites de oliva, girasol y palma africana.

Otros de los resultados arrojados por la investigación (Restrepo J.
Estupiñan J. A. Potencial del Chontaduro (Bactris gasipaes H.B.K.) como fuente alimenticia de alto valor nutricional. Revista de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas. Universidad del Valle. 11. Sept.
2007.págs. 1-8.) se refieren a que el chontaduro es rico en minerales indispensables en la dieta, como calcio, hierro, zinc y cobre, además posee una alta concentración de betacaroteno (precursor de la vitamina A), una poderosa molécula antioxidante.

Los hallazgos del estudio permiten establecer que este fruto típico de la región suroccidental de Colombia puede ser una alternativa alimenticia que aún no ha sido muy explorada, ni considerada. De acuerdo con el profesor Restrepo, el alto valor nutricional de este fruto es una razón por la cual muchas organizaciones internacionales han mostrado interés por su explotación y cultivo.

Por ahora, este rico pero todavía poco valorado fruto típico sigue consumiéndose solo o acompañado de sal, miel o limón en esquinas, parques y semáforos. Mientras tanto, el profesor Restrepo adelanta un nuevo proyecto con el Grupo de Investigación en Productos Naturales y Alimenticios, Gipna de la Universidad del Valle, sobre las propiedades del achiote (Bixa orellana), otro de nuestros recursos genéticos inexplorados.

Ver artículo completo en:
http://aupec.univalle.edu.co/informes/2009/julio/chontaduro.html

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/Artículo escrito por Lina Hernández Saavedra/ / Agencia AUPEC Universidad del Valle/ /

sábado, 18 de julio de 2009

De cómo me volví uribista Por Daniel Samper Ospina

Últimamente no tengo inspiración para escribir, así que he decidido copiar lo que otros ya dicen mejor que yo:

De cómo me volví uribista
Por Daniel Samper Ospina
Cuando uno en esas reuniones critica a Uribe, o acaban con uno o acaban la reunión. Así que decidí callarme.
Domingo 5 Julio 2009

Confieso que no me gusta ir a restaurantes; que soy malo para salir a comer a casas ajenas; que estoy viejo por dentro. Cada año mío equivale a siete años humanos. Eso sucede con algunos animales domésticos, como el perro, y con otros prehistóricos, como José Galat.

Vivía feliz en mi prematura vejez social hasta cuando un amigo antioqueño me invitó a una comida en su casa, y acepté ir. Me cuesta trabajo decir que no. Tengo vocación para ser ministro de Hacienda de Uribe en un consejo comunal.

La casa tenía un rincón paisa ambientado como si fuera una fonda antioqueña. Colgadas en la barra de un bar había copas de aguardiente, una silla de caballo y refranes escritos con la ortografía de un senador del Atlántico, tipo “oy no fio, mañana sí”, “estoi cargado de tigre” y “más bale aplasar el gustico”.

En la mesa de la sala había una foto del presidente Uribe con una dedicatoria de su puño y letra. Siempre me he preguntado por qué se da este fenómeno. ¿Por qué hay gente que pone en la sala la foto de la familia presidencial como si fuera parte de la decoración? ¿Por qué son tan sapos? Por dignidad tendría que ser un gesto recíproco: yo, al menos, sólo colgaré un retrato de los Uribe Moreno en la sala de mi casa el día en que ellos cuelguen uno de mi familia, por ejemplo el de aquel paseo que hicimos a San Andrés, en la sala de Palacio.

Llegué tarde. Saludé con timidez porque no conocía a nadie. Me senté entre un empresario paisa y un abogado de Montería que durante más de una hora hablaron de caballos de paso, mientras yo guardaba prudente silencio porque de yeguas finas sé lo mismo que Armandito Benedetti de meritocracia.

En un momento dado fui al baño y cuando regresé, ya estaban hablando de política.

—Lo que está haciendo es muy grave –decía asqueado el abogado–. ¿Qué tal ese show de populismo que hace en televisión los fines de semana?

—Eso es lo de menos –dijo la esposa del empresario–: lo más grave es que se cree el Mesías.

—Sí, sí –se animó el abogado–: y no le da pena cambiar las reglas para eternizarse en el poder, aunque el país quede como una república bananera.

Este último comentario me pareció excesivo e, inundado de una rabia patriótica que no supe contener, exigí respeto por el presidente Uribe.

—¡Cuál presidente Uribe! –me dijo el paisa–. Estábamos hablando de Chávez, papá: ¡¿o es que no te gusta Álvaro?! ¡Decí pues! ¡Contá!

Desde entonces toda la charla fue un largo elogio a Uribe: a su hablado coloquial, a su política de guerra, a sus ojos color miel.

En un momento dado me preguntaron qué pensaba de él y cometí el error de tomarme en serio y de decirlo: dije que para mí la violencia era el estornudo, pero no el resfriado; que el resfriado es la iniquidad social que hay en Colombia. Y que Uribe tranca el estornudo, pero no la gripa.

Era la metáfora ideal porque lo dije y casi me suenan.

—¡Decime entonces quién ha hecho más que Uribe, pues, huevón! –volvió a la carga el paisa.

—Eso sí ha hecho demasiado –reconocí cada vez con menos voz–: cambió la Constitución, se tomó todas las ramas del Estado.

—¡Y qué, compa, si esas vainas estorbaban! –me dijo el abogado de Montería–. Necesitábamos un tipo berraco, que no se enredara en pendejadas.

La esposa del abogado, una mujer de tetas operadas y pelo teñido que no estaba mal, hay que decirlo todo, dijo que con Uribe ahora la gente sí viajaba. Fue en lo único que estuve de acuerdo: ahora la gente viaja más. Sobre todo los desplazados.

Llegamos a un punto en que era imposible seguir discutiendo: cuando en esas reuniones uno critica a Uribe, o acaban con uno o acaban la reunión, de modo que decidí callarme. Los tragos fueron subiendo y el paisa empezó a gritarme con los ojos brotados que entonces qué, huevón, si o qué que Uribe es un berraco, papá, y me daba amistosos pero bruscos golpes en la espalda, mientras yo esquivaba el rocío de babas que me caía encima cuando me hablaba de cerca.

Me fui pasada la media noche y amanecí con una decisión que alguna vez comenté en radio: y es que, como no aguanto la presión social de no serlo, en adelante me declaro uribista. Creeré que los crímenes de los paras eran un mal necesario y que no eran tan graves como los de la guerrilla; estaré seguro de que lo que necesitaba este país era mano dura y no justicia social; pensaré que después de Íngrid, en Colombia ya no quedan secuestrados, y que los que haya deben ser rescatados por la fuerza y aunque los maten; me informaré sólo a través de RCN y de El Colombiano; ingresaré en el Opus Dei; compraré acciones de Invercolsa; me cortaré el pelo a ras; almorzaré en La Margarita del 8 para ver caballos finos. Y nunca, nunca, nunca volveré a dudar de nada.